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La Tarara es, originalmente, una canción de corro tradicional que se bailaba en círculo, cogidos de la mano. Transmitida oralmente de generación en generación, fue especialmente difundida por Andalucía, aunque también existen variantes en otras regiones de España, dando lugar a numerosas variantes, tanto en la melodía como en la letra.
Aunque está documentada desde el siglo XIX, los orígenes de la melodía son inciertos, y algunos historiadores le atribuyen un posible origen judío o árabe en época medieval.
La Tarara baila por los campos desafiando las normas sin importarle lo que piensen de ella.
El término La Tarara literalmente significa "la loca". Ella es una mujer libre, poco común, que no responde a los cánones establecidos y que vive a su manera.
En los años 30, Federico García Lorca recopiló, adaptó y armonizó ésta canción para voz y piano dentro de su colección Canciones populares españolas. Gracias a esta iniciativa, la canción quedó estrechamente vinculada al nombre del poeta y se convirtió en una de las piezas más representativas de su labor como recopilador y difusor del patrimonio musical español.
RELACIÓN DE LA TARARA CON "BENT BLADI" DE ABDESSADEK CHEKARA.
Cantante, violinista e intérprete de oud (laúd árabe), pertenecía a una familia de músicos y poetas, lo que marcó su formación desde la infancia. A lo largo de su carrera se dedicó a preservar y difundir el repertorio tradicional de la música andalusí y de la música popular del norte de Marruecos.
A finales de los años setenta incorporó el estribillo en español de "La Tarara («Tiene la Tarara un vestido blanco…»), en "Bent Bladi" (La muchacha de mi tierra). Lo más probable es que Cheqara conocía la versión difundida en Andalucía o la célebre adaptación de Federico García Lorca y La Argentinita, y la incorporó como un puente musical entre la tradición andalusí marroquí y el folclore andaluz.









